Esta frase, que D. Miguel de Unamuno no pronunció pero sí puso en boca de unos de sus personajes en el “El pórtico del templo” constituye un buen ejemplo de cómo en España, la ciencia ha ocupado un lugar muy secundario en las políticas impulsadas por los gobiernos, a diferencia de lo ocurrido –como en otros muchos ámbitos- en los países anglosajones.
Y esto, viene a cuento, porque en el Círculo de Empresarios de Galicia hemos seguido con preocupación y tristeza los avatares por los que ha pasado y sigue pasando el equipo de técnicos de la Universidad de Vigo que, liderados por el vicerrector José Antonio Vilán y dirigidos por el científico y profesor, Fernando Aguado, han desarrollado el proyecto del satélite Xatcobeo.
Aunque la actual Conselleria de Industria se está manifestando mucho más sensible que la anterior ante estos temas, lo cierto es que nuestros investigadores e ingenieros vigueses, solamente están recibiendo, desde el comienzo de sus trabajos, alguna ayuda del Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA) permaneciendo la Xunta de Galicia, ajena a la iniciativa.
Muchos de los jóvenes ingenieros que comenzaron trabajando en este proyecto, se han ido marchando a trabajar a agencias aeroespaciales del extranjero, principalmente EE UU, ante la falta de expectativas profesionales en Galicia.
El proyecto Xatcobeo abre un campo inexplorado todavía en España, para la creación de una industria aeroespacial de satélites de pequeño y mediano porte, con claras aplicaciones industriales. Pero como ocurre a menudo, es más rentable -políticamente hablando- destinar cantidades ingentes a sectores sin presente y sin futuro, para tapar posibles conflictos sociales, que dotar económicamente este tipo de iniciativas.
Posiblemente nuestros responsables políticos, en las áreas de Innovación en Industria piensan, como Unamuno, que es mejor “que inventen ellos”. Nosotros ya se lo compraremos. Si podemos, claro.

