Galicia desborda atractivo por los cuatro costados. Patrimonio cultural, gastronomía, playas y espacios naturales son cuatro patas de una mesa que no se sostiene porque seguimos estando en cifras mucho más discretas de las que nuestro potencial nos haría prever. A pesar de ello, la promoción exterior de Galicia se sigue centrando equivocadamente en el Camino de Santiago, uno de nuestros grandes recursos… pero no el único.
En una región tan rica como Galicia los esfuerzos no pueden basarse solo en una marca, ya que Galicia tiene varias marcas o señas de identidad como Cíes, Torre de Hércules, Rías Baixas o Ribeira Sacra, que con una correcta potenciación serían polos de dinamización económica de las regiones que las albergan.
También se acusa otro problema, que es el de llegar tarde a mercados emisores. Cuando un mercado está en todo su apogeo (el mejor ejemplo ahora mismo, el ruso), no es el momento de intentar abordarlo, pues hay otras regiones que ya han afianzado su posición como receptores. El truco del éxito está en llegar.
Sin embargo el verdadero problema no se encuentra en la estrategia a seguir. Como siempre, el problema radica en la falta de confianza en el sector. La confianza se demuestra en presupuestos, y los presupuestos de Turismo, tanto en la Xunta de Galicia, como en diputaciones y concellos, no es el equivalente a la riqueza que generan. El turismo no es una exportación en sí misma, pero sí es cierto que aporta capital nuevo al destino, y que los ingresos que produce no consumen recursos propios. En otras palabras, el ingreso procedente del turismo viene a enriquecer la región.
En resumen, queda un largo trabajo por delante si queremos llegar a las cifras de turistas que una región como Galicia se merece. Más inversión, diversificación de marcas o recursos promocionados y confianza en los resultados, son tres caminos que nosayudarían a alcanzar el éxito.

























