Pensiones: Mañana será tarde

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Editorial

Pensiones: Mañana será tarde

21 abr 2016

O nos lo tomamos en serio o es muy probable que, a medio plazo, España tenga un problema grave con su sistema de pensiones. Una cuestión sobre la que se viene alertando desde la década de los noventa y que, amparados en las fluctuaciones económicas con las que argumentar razones de tipo coyuntural, ningún gobierno se ha atrevido a encarar.

Fiar el futuro de los jubilados de mañana a un mercado laboral sobre el que existen más incertidumbres que certezas (revolución digital, robotización, millenials, globalización del talento) puede ser, cuando menos, una temeridad de la que, en todo caso, los ciudadanos deberían estar informados.

España envejece en un proceso natural que otros países europeos se atrevieron a atisbar hace años. Suecia aprobó en 1994, con el apoyo de cinco de los siete partidos parlamentarios y una abrumadora mayoría, una reforma que supuso un cambio radical en su sistema de pensiones de jubilación, apostando por igualar prestaciones y contribuciones, asegurando en lo posible el equilibrio financiero en el modelo de reparto y abriendo la puerta a un sistema de capitalización individual dentro del sistema público (dentro de sus cuentas individuales, además, el trabajador decide si opta por uno de los muchos fondos privados o por un fondo público gestionado por el gobierno, con criterios más conservadores).

El ya conocido como ‘modelo austriaco’, cuya peculiaridad es la ‘mochila’ que acompaña al trabajador desde su entrada en el mercado laboral y de la que puede echar mano en tiempos de desempleo, y que servirá como complemento de su pensión de jubilación, es otro ejemplo.

Existen otros modelos, que han tenido mejor o peor fortuna y que cabría analizar, del mismo modo que cabría demandar mayor información (si no mayor control) sobre los fondos de pensiones en España, a la vista de los resultados (y sustos) que están provocando. Un estudio de IESE revela que la rentabilidad a quince años de los planes de pensiones (1,58 %) es inferior a la que ofrecen la bolsa (4,67) o la deuda pública (5,4). Según dicho estudio, de los 322 fondos con más de quince años en España, sólo dos han superado la rentabilidad del Ibex, y 47 han tenido una rentabilidad promedia negativa.

Todo esto, junto con la evolución de nuestra pirámide demográfica, debería ser motivo de un debate franco con la ciudadanía, durante el que el derecho a la información prime sobre cuestiones de interés partidista que no hacen sino demorar la búsqueda de soluciones a un problema que, muy probablemente, se nos viene encima.

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